viernes, 13 de febrero de 2026

Café frío

Érase una vez en Londres

Érase una vez que había un corazón 

                 enamorado

quizás sólo quería creer estarlo

Un corazón que caminaba en Londres 

por sus calles frías y viejas 

    por sus calles atravesadas por burcas, enojo ruso, y balbuceo indi


Érase una vez un corazón 

que latía en Londres 

   que soñaba en Londres 

    y que estaba buscando y alcanzando 

               al amor


Érase una vez un corazón 

         que caminaba

           que dormía 

             que desayunaba

         y amaba en Londres 


Un corazón joven

          masticando incorrectamente el inglés 

un corazón que escribía lituano 

       lo elemental: corazonadas


Érase una vez un corazón 

  que caminaba y vivía 

         en el mundo

con la bandera del amor

con un mundo de ilusión 

       sobre su espalda 


Érase una vez un recuerdo

  que se me mete por los ojos

al ver al sol reflejado en un edificio

al escuchar un trinar traunsente 


el recuerdo de un corazón 

                  enamorado

 que hoy mojo

       en una taza de café 

que de tanto recordar

                    se me ha enfriado



MD 3/2/26


Dos flores en la guerra

 

A lo lejos se veían grises caireles escapando de un árbol, una de sus ramas ostentaba aún lucecillas avivadas por el viento.

Algunos estruendos interrumpían la calma.  

Avanzó y descubrió a dos adolescentes, una mano blanca y delicada apretaba una flor rosa, aun fresca, unos ojos negrísimosy apagados parecían mirarlo. Sus pies pesaron. A su edad podrían tener el corazón roto,  pero no el cráneo,  ni la columna. 

Volver, reportar misión cumplida y  concluir su servicio era lo conducente.  

La violencia se apaciguaba, quizá, pero el área de hostilidades pasó del territorio de ocupación,  a algún lugar bajo su casco